Dícese que su estatura era elevada, blanca la tez, bien conformados
los miembros, cara redonda, ojos negros y vivos, temperamento robusto, aunque
en sus últimos tiempos sufrió repentinos desmayos y terrores nocturnos que le
turbaban el sueño. Dos veces también experimentó ataques de epilepsia en
público. Daba mucha importancia al cuidado de su cuerpo, y no contento con que
le cortasen el pelo y afeitasen con frecuencia, hacíase arrancar el vello,
según le censuraban y no soportaba con paciencia la calvicie que le expuso más
de una vez a las burlas de sus enemigos. Por esta razón se atraía sobre la
frente el escaso cabello de la parte posterior, y de cuantos honores le
concedieron el pueblo y el Senado ninguno le fue tan grato como el de llevar
constantemente una corona de laurel.
Cuidadoso era también de su traje. Usaba laticlavo guarnecido de
franjas que le llegaban hasta las manos, poniéndose siempre sobre esta prenda
el cinturón muy flojo. Esta costumbre hacía decir frecuentemente a Sila,
dirigiéndose a los nobles:”Desconfiad de ese joven tan mal ceñido.”

No hay comentarios:
Publicar un comentario