Hace unos dos o tres siglos, China se encontraba entre las sociedades
más patriarcales de la tierra: las mujeres allí no estaban autorizadas a
realizar muchas tareas, dependían completamente de su familia y se consideraban
muchas veces como propiedad de su marido. Incluso en la actualidad el asesinato
de niñas es algo común en las zonas rurales: como la ley permite solo tener un
hijo las familias prefieren asesinar a las recién nacidas para garantizar que
su hijo sea varón, pues una mujer, a sus ojos, tiene menos valor.
Sin embargo, esto no siempre fue así. En los tiempos de la dinastía
Shang, en el segundo Milenio antes de Cristo, las mujeres tenían un rol
importante en la sociedad, llegando algunas a ocupar puestos de dirección
agrícola, la adivinación e incluso la guerra.
Este es el caso de la emperatriz Fu Hao. Los primeros atisbos de su
historia se conocieron en 1976 cuando arqueólogos comenzaron a excavar los
restos de una tumba en los alrededores del actual Henan, en el cementerio real
de esta dinastía. La tumba, única en permanecer intacta en todo el cementerio,
pertenecía a una de las esposas del emperador Wu Ding, quien gobernó entre los
años 1250 y 1192 a. C. En la tumba habían 16 cadáveres (seguramente sacrificios
de esclavos) y 1928 objetos funerarios que incluían dagas, arcos y flechas,
espejos, entre otros símbolos del poder de la realeza de la dinastía.
Se trataba de un honor desmesurado para ser una mujer, o al menos eso
parecía. Sin embargo, las fuentes escritas pronto comenzaron a desvelar su
historia: se trataba de Fu Hao, una emperatriz dedicada a la adivinación… y al
comando de las tropas en batalla. Su prestigio era tal que dominaba gigantescas
extensiones de tierra en los alrededores de la capital y tenía bajo su mando un
ejército de 3000 hombres que dirigió en repetidas ocasiones contra los enemigos
de la dinastía, principalmente, los Fusang.
Pero parece ser que Fu Hao no era un caso particular. Bajo su mando
directo se encontraban más de 100 mujeres dedicadas a la adivinación y a
asuntos políticos y militares. Se ignora si algunas de estas mujeres también
iban a la guerra, pero era probable… y una muestra de las diferencias de la
China del segundo milenio a.C. y la del primer milenio d. C.
No se sabe a ciencia cierta si la emperatriz tuvo hijos. Las fuentes
se contradicen: algunas afirman que no tuvo hijos varones, otras, que murieron
antes de alcanzar la adultez. Ninguna fuente refiere hijas, pero se presume que
no tuvo ninguna. Incluso, una teoría le apunta a que Fu Hao se habría dedicado
a la guerra como una manera de “compensar” por su incapacidad de responderle al
emperador generando descendencia.
Esta compensación se probó más que satisfactoria. Cuando murió, Fu
Hao era una reconocida comandante por su habilidad en batalla y su tenacidad
dirigiendo las tropas. Wu Ding le dedicó una tumba honoraria y se dice que
incluso le hacía sacrificios para solicitar su ayuda en las batallas. La
emperatriz se convirtió en una leyenda, y junto con Mulan, en una de las pocas
guerreras chinas reconocidas por la sociedad.

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