viernes, 14 de agosto de 2015

Francisco Pizarro y la isla de Gallos


Una de las grandes historias de uno de los conquistadores españoles más famosos de la historia Francisco Pizarro, es la que sucedió un día  a finales del mes de septiembre de 1526 a su llegada a la isla de Gallos. Después de dos años avanzando hacia el sur en busca del tesoro de los Incas en Perú y sobrellevando hambrunas, enfermedades, ataques indígenas y, lo que es más importante, ni un solo gramo de oro en todo el camino, las tropas de Francisco Pizarro comenzaron a impacientarse y comenzaron a reclamarle que cesara en su empeño de conquistar el Imperio de los Incas, del cual, solo habían oído hablar a un par de sacerdotes de los que nunca más volvieron a saber. Pizarro,  desenvainó la espada delante de sus hombres cansados y estupefactos, que pensaban que su general había perdido la cabeza. Este, sin perder ni un ápice de esperanza, comenzó a dibujar una línea en la arena con la punta de su arma y se paró delante de todos para decir:
“Por aquí, – dijo señalando el lado del sur- por aquí se va al Perú a ser ricos; por allá -señalando al norte- se va a Panamá a ser pobres. Escoja el que sea buen castellano lo que más bien le estuviere.”

Él fue el primero en cruzar la línea y tan solo 13 personas más lo siguieron. Los otros, desistieron y comenzaron su retirada a estados más “amigables”. El 16 de noviembre de 1532, seis años después del suceso, Pizarro y sus hombres derrocaban a Atahualpa, haciéndose así con la capital del Imperio Inca y con todos sus tesoros.

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